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El Oficio de Vísperas (Diarias)
Ediciones del Exarcado Mexicano


El Oficio que a continuación se presenta es el de Vísperas Diarias (que no son Vísperas Festivas) normalmente servidas por las tardes de domingo a viernes que están fuera del Gran Ayuno.


El Sacerdote comienza:

Bendito sea nuestro Dios eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Lector:

Amén.

Venid, adoremos a Dios nuestro Rey.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.


Desde el domingo de Santo Tomas hasta la Ascensión, en lugar de Venid, adoremos..., decimos:

Cristo Resucito de entre los muertos, y hollando a la muerte con su muerte, dio vida a los que yacían en los sepulcros. (Tres Veces)


Y el Salmo 103 (4).


Pero si las Vísperas no son precedidas por la Hora Nona, Después de, Amén, el Lector continua:

Gloria a ti, Dios nuestro, gloria a ti.
Rey Celestial, Consolador, Espíritu de verdad, que estás en todo lugar, llenándolo todo, Tesoro de bienes y Dador de vida, ven a habitar en nosotros, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.


Desde Pascua hasta Pentecostés, Gloria a Ti... Rey Celestial... no es dicho.


Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.[tres veces].

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por Tu nombre.

Señor, ten piedad. [tres veces].

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.

Padre nuestro, que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, vénganos tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día , dánosle hoy y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal.

Sacerdote: Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amen.

Señor ten piedad. (12 veces)

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.

Venid, adoremos a Dios nuestro Rey.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Y el Salmo 103(4).


El Salmo 103(4) usualmente es dicho por el Lector. De acuerdo al Tipikon, pero de cualquier manera, en la practica en los monasterios se refleja que este es dicho por el superior o por alguien seleccionado por El / Ella.


Salmo 103(4)

Bendice, alma mía, al Señor. Señor, Dios mío, mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende el cielo como una cortina; Que establece sus aposentos entre las aguas; el que pone las nubes por su carroza; el que anda sobre las alas del viento; El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros al fuego flamante; El fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida.

Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste. Pusísteles término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra.

Tú eres el que envías las fuentes por los arroyos; van entre los montes. Abrevan a todas las bestias del campo; quebrantan su sed los asnos montaraces. Junto a aquellos habitarán las aves de los cielos; entre las ramas dan voces.

El que riega los montes desde sus aposentos, del fruto de sus obras se sacia la tierra. El que hace producir el heno para las bestias, y la hierba al servicio del hombre, sacando el pan de la tierra. Y el vino que alegra el corazón del hombre, y el aceite que hace lucir su rostro, y el pan sustenta el corazón del hombre.

Llénense de jugo los árboles del llano, los cedros del Líbano que El plantó. Allí anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigüeña. Los montes altos, para las cabras montes; las peñas, madrigueras para los conejos.

Hizo la luna para los tiempos; el sol conoce su ocaso. Puso las tinieblas, y es la noche; en ella corretean todas las bestias de la selva. Los leoncillos braman a la presa, y para buscar de Dios su comida. Sale el sol, recógense y se echan en sus cuevas. Sale el hombre a su hacienda, y a su labranza hasta la tarde.

Cuán muchas son tus obras, oh Señor, hiciste todas ellas con sabiduría. La tierra esta llena de tus beneficios. Asimismo esta gran mar y ancha de términos; en ella peces sin numero, animales pequeños y grandes. Allí andan navíos; allí este leviathán que hiciste para que jugase en ella. Todos ellos esperan en Ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, hártense de bien. Escondes tu rostro, túrbanse; les quitas el espíritu, dejan de ser, y tórnanse a su polvo. Envías tu Espíritu, críanse; y renuevas la faz de la tierra.

Sea la gloria del Señor para siempre; alégrese el Señor en sus obras. El cual mira a la tierra y ella tiembla; toca los montes y humean. Al Señor cataré en mi vida; a mi Dios salmearé mientras viviere. Serme ha suave hablar de El; yo me alegraré ene el Señor. Sean consumidos de la tierra los pecadores, los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, al Señor.

El sol conoce su ocaso. Pone las tinieblas, y es la noche. Cuan muchas son tus obras, oh Señor. Hiciste todas ellas con sabiduría.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.

Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, oh Dios. Tres veces.

Después la Gran Letanía es dicha por el Sacerdote (o Diácono):

En paz al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por la paz que de lo alto viene y por la salvación de nuestras almas, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por la paz del mundo entero, por el bienestar de las Santas Iglesias de Dios y por la unión de todos, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por esta santa Casa y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por nuestro Señor, su Beatitud, el Metropolitano Nombre, por nuestro Señor el reverendísimo Arzobispo Nombre, por el honorable presbiterado y diaconado en Cristo, por todo el clero y todo el pueblo, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por (el Presidente o título de la autoridad civil más alta) por toda autoridad civil y por las fuerzas armadas, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

(Porque les ayude y subyugue bajo sus pies a todo enemigo y adversario, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad )

Por esta ciudad, (o aldea, o monasterio), por toda ciudad y país y por los fieles que en ellos habitan, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por estaciones favorables, abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Por los viajeros y los navegantes, por los enfermos los afligidos, por los presos y por su salvación, al Señor roguemos.

Coro: Señor ten piedad

Para que seamos libre de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Socórrenos, sálvanos, ten piedad de nosotros y guárdanos, Dios por tu gracia.

Coro: Señor ten piedad

Conmemorando a la Santísima, Inmaculada, Bendita, Gloriosa Señora nuestra, Theotokos y Siempre-Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros, y toda nuestra vida a Cristo Dios.

Coro: A Ti, Señor.

Y el Sacerdote Exclama:

Porque te pertenece toda gloria, honor y adoración a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Después el kathisma citado:

El Kathisma citado es dicho en las tardes de lunes a viernes (en la tarde del domingo el kathisma no es dicho). Pero si este es la tarde de un día entre semana y hubo una Vigilia Pernocturna la noche anterior, el kathisma es omitido.


Si hubo kathisma, a la conclusión de este, la Letanía Menor:

Una y otra vez en paz al Señor roguemos.

Coro: Señor, ten piedad.

Socórrenos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y guárdanos, Dios, por tu gracia.

Coro: Señor, ten piedad.

Conmemorando a la Santísima, Inmaculada, Bendita, Gloriosa Señora nuestra, Theotokos y Siempre-Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros, y toda nuestra vida a Cristo Dios.

Coro: A Ti, Señor.

Sacerdote:

Porque tuyo es el dominio, y tuyos son el reino, el poder y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amen.

A la conclusión de la Letanía Menor (o, si un kathisma no fue citado, a la conclusión de la Gran Letania), los Coros cantan antifonalmente, en el tono del primer estiquio de “Señor a ti he cllamado...”:

Salmo 140(1)

Coros:

Coro: Señor, a ti he clamado, óyeme; óyeme, oh Señor.
Señor, a ti he clamado, óyeme; escucha la voz de mi oración, cuando te invocare; óyeme, oh Señor.

Sea enderezada mi oración delante de Ti como incienso, la elevación de mis manos como sacrificio de la tarde.

Y los Coros continúan:


Si los versos de los Salmos no son cantados en forma antifonal, son cantados usualmente por el Lector.


Pon, oh Señor, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios.

No dejes se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías.

Con los hombres que obran iniquidad; y no coma yo sus deleites.

Que el justo me castigue, será un favor , y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá a la cabeza.

Así que aún mi oración tendrán en sus calamidades.

Serán derribados en lugares peñascosos sus jueces, y Oirán mis palabras, que son suaves.

Como quien hiende y rompe la tierra, sean esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura.

Por lo tanto a ti, oh Señor, Señor, mira mis ojos; en ti he confiado, no desampares mi alma.

Guárdame de los lazos que me han tendido, y de los armadijos de los que obran iniquidad.

Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasare adelante.

Salmo 141 Con mi voz clamé al Señor, con mi voz pediré al Señor misericordia.

Delante de Él derramaré mi querella; delante de Él denunciaré mi angustia.

Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, Tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron un lazo.

Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida.

Clamé a ti, oh Señor, y dije, Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes.

Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.

Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre. Aquí comienzan a insertar los estiquios propios si hay 10.

Me rodearan los justos, por que Tú me seas propicio.

(Psalmo 129) De los profundos, oh Señor, a ti clamo; Señor, oye mi voz. Aquí si hay ocho:

Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.

Señor, si mirases a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Empero hay perdón cerca de Ti. Aquí si hay seis:

Esperé yo al Señor, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera al Señor.

Más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana espere Israel al Señor. Aquí si hay cuatro

Porque en el Señor hay misericordia, y abundante redención con El. Y El redimirá a Israel de todos sus pecados.

(Salmo 116) Alabad al Señor naciones, todas ; pueblos todos alabadle.

Porque se ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; y la verdad del Señor es para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

A la conclusión de los estiquios y Gloria... Ahora y siempre, el Sacerdote (o Diácono, si hay uno) exclama desde el Altar:

Sabiduría. Atendamos.

Y el Coro canta:

La obra de Sofronio,
Patriarca de Jerusalén

Radiante Luz de la santa gloria del Padre inmortal, celestial, santo, bendito Jesucristo. Viniendo a la puesta del sol y viendo la luz del atardecer, te cantamos: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios. Digno es que a todo tiempo seas glorificado por voces justas, Hijo de Dios, Dador de vida, por lo cual el mundo entero te glorifica.


Al concluir, el Diácono (si hay uno) dice:

Atendamos.

Sacerdote:

Paz a todos.

Diacono:

Sabiduría. Atendamos.


Y el Proquímeno del día:


De acuerdo con el Tipikon el Proquímeno es cantado por un monje (si se esta en un monasterio), o por un Lector. Para esto el Lector habiendo hecho una reverencia frente a las Puertas Santas, se para en el centro de la Iglesia con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza descubierta. Sin embargo, en la practica contemporánea, el Proquímeno puede ser cantado por el Sacerdote (o Diácono, hi hubiera uno).


La tarde del domingo, tono 8, del Salmo 133:
He aquí, bendecid al Señor, vosotros todos los siervos del Señor.
Verso: Los que estáis en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios.

La tarde del lunes, tono 4, del Salmo 4:
El Señor oirá cuando yo a El clamare.
Verso: Cuando clamé, el Dios de mi justicia me oyó.

La tarde del martes, tono 1, del Salmo 22:
Tu misericordia, Señor, me seguirá todos los días de mi vida.
Verso: El Señor me pastorea, y nada me faltara; en un lugar de verdes pastos me ha hecho yacer.

La tarde del miércoles, tono 5, del Salmo 5:
Oh, Dios, sálvame en tu nombre, y en tu poder júzgame.
Verso: Oh, Dios, escucha mi oración; presta oído a las razones de mi boca.

La tarde del Jueves, tono 6, del Salmo 120:
Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.
Verso: Alce mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro.

La tarde del viernes, tono 7, del Salmo 58:
Oh, Dios, tu eres mi socorro y tu misericordia me previene.
Verso: Redímeme de mis enemigos, oh Dios, y de los que contra mi se levantan, líbrame.


Después se dice lo siguiente:

Esto es usualmente dicho por el Lector, de acuerdo al Tipikon, pero de cualquier manera en la practica en los monasterios se refleja que esto es dicho por el superior o por alguien seleccionado por El / Ella.


Concede, Señor, guardarnos esta noche sin pecado. Bendito seas, Señor Dios de nuestros padres y alabado y glorificado sea tu nombre para siempre. Amén.
Que tu misericordia sea sobre nosotros, Señor, como hemos puesto nuestra esperanza en ti. Bendito seas, Señor, enséñame tus estatutos. Bendito seas, Maestro, hazme entender tus estatutos. Bendito seas, Santo, alúmbrame con tus estatutos.
Tu misericordia, Señor, es para siempre; no desprecies las obras de tus manos. Te pertenece la alabanza, te pertenece un himno, te pertenece la gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.


Y después de esto, el Sacerdote (o Diácono) dice la Letanía de la Suplica.

Completemos nuestra oración vespertina al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.

Socórrenos, sálvanos, ten piedad de nosotros y guárdanos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.

Que esta noche entera sea perfecta, santa, pacífica y sin pecado, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Un Ángel de paz, fiel guía, custodio de nuestras almas y cuerpos, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Perdón y remisión de nuestros pecados y ofensas, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Cuanto es bueno y útil para nuestras almas y la paz para el mundo, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.


Que el tiempo restante de nuestra vida se concluya en paz y penitencia, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Cristiano fin de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Conmemorando a la Santísima, Inmaculada, Bendita, Gloriosa Señora nuestra, Theotokos y Siempre-Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros, y toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor.

Y el Sacerdote Exclama:

Porque tu eres Dios bueno que amas a los hombres, y te rendimos gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Sacerdote: Paz a todos.

Coro: Y a tu espíritu.

Diácono: Inclinemos nuestras cabezas ante el Señor.

Coro: A ti, Señor

Después el Sacerdote Exclama:

Bendito y glorificado sea el poder de tu reino, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.


Después la Apostika es cantada, los versos son dichos por el Lector:

Apostika
Salmo 122(3)

A ti alcé mis ojos, A ti que habitas en los cielos. He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, Y como los ojos de la sierva a la mano de su señora, Así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios, Hasta que tenga misericordia de nosotros.

___________

Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros, Porque estamos muy hastiados de menosprecio. Hastiada está nuestra alma Del escarnio de los que están en holgura, Y del menosprecio de los soberbios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén


La Oración de San Simeón:

Ahora, Señor, dejas en paz a tu siervo, según Tu palabra. Porque mis ojos han visto tu salvación, la cual la cual tenías destinada ante la faz de todos los pueblos. Luz que ilumine a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.


Esto es usualmente dicho por el Lector, de acuerdo al Tipikon, pero de cualquier manera en la practica en los monasterios se refleja que esto (y el siguiente Trisagio) es dicho por el superior o por alguien seleccionado por El / Ella.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.[tres veces].

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por Tu nombre.

Señor, ten piedad. [tres veces].

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.

Padre nuestro, que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, vénganos tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día , dánosle hoy y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal.

Sacerdote: Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Lector: Amen.

Después es cantado el Tropario propio del día. Después del Tropario, el Sacerdote (o Diácono) dice la Letanía de la Ferviente Suplica:


Ten piedad de nosotros, Dios, según tu gran piedad, te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por los devotos cristianos Ortodoxos.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por nuestro señor, su Beatitud, el Metropolitano Nombre, por nuestro Señor, el reverendísimo Arzobispo, Nombre, y por todos nuestros hermanos en Cristo.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por (el Presidente o título de la autoridad civil más alta), por toda autoridad civil y por las fuerzas armadas.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por los bienaventurados y siempre recordados santísimos Patriarcas Ortodoxos, por los fundadores de esta santa iglesia (o monasterio) y por todos nuestros padres y hermanos difuntos predecesores de nosotros que aquí y en todo lugar descansan, los ortodoxos.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por piedad, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados del siervo de Dios, Nombre, y de nuestros hermanos de este santo templo.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por los benefactores y bienhechores de este santo y venerable templo, por sus servidores y sus cantores y por todo el pueblo presente que espera de ti una grande y rica piedad.

Coro: Señor, ten piedad(tres veces).


El Sacerdote Exclama:

Porque eres Dios misericordioso y amas a los hombres, y te rendimos gloria, a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Diacono: Sabiduría.

Coro: Bendice, Padre (o Maestro)

Sacerdote: El que es, es bendito, Cristo Dios nuestro eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén. Establece, oh Dios, la Santa fe Ortodoxa y a los cristianos Ortodoxos, por los siglos de los siglos.

Sacerdote: Santísima Theotokos, sálvanos.

Coro: Más honorable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines, tú que sin mancha has engendrado a Dios el Verbo, verdadera Madre de Dios te magnificamos.

Sacerdote: Gloria a ti, Cristo Dios nuestro, Esperanza nuestra, gloria a ti.

Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén, Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Bendice Padre (Maestro)

Y el Sacerdote pronuncia la bendición final:

(El que resucitó de entre los muertos, si es domingo) Cristo verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su inmaculada Madre, de los santos, gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de (el santo del templo y del día), de los Santos y justos Progenitores de Dios, Joaquín y Ana, y de todos los Santos, nos tenga misericordia y nos salve, porque es bueno y ama al hombre.

Coro: Amen.

El final y Gloria sea a Jesucristo.

¡Gloria a Dios por todo!
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