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Las Vísperas Mayores - Great Vespers in Spanish

Las Vísperas Mayores
(Ediciones del Exarcado Mexicano)

Celebrada los sábados por la noche y la noche anterior a las fiestas mayores.

El sacerdote se viste con eptragilio, puños y felonio; el diácono, recibiendo la bendición del sacerdote, se pone con el esticario, los puños y el orario.

Luego el diácono abre las Puertas Santas y le da al sacerdote el incensario. Este, acompañado del diácono que lleva una vela grande en la mano derecha, inciensa el altar por sus cuatro lados, el santuario entero, y al clero que esta dentro
del santuario.
Luego el diácono sale por las Puertas Santas al ambón y, cara al altar, exclama:


Levantaos. Bendice, Señor.

Y el sacerdote, ante el altar, eleva el incensario, y trazando con él la señal de la cruz, exclama:
Gloria a la Santa, Consubstancial, Vivificadora e Indivisible Trinidad eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.

Luego los sacerdotes y los diáconos cantan, haciendo tres reverencias:

Venid, adoremos a Dios nuestro Rey.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Él.

SALMO 103

Mientras se canta el salmo, el sacerdote continúa la incensación así: Primero las puertas santas y, saliendo del santuario, inciensa hacia el altar, los iconos del lado derecho del iconostasio y luego los iconos del lado izquierdo. Luego inciensa la iglesia entera, comenzando por el lado derecho y acabando por el lado izquierdo. Viene otra vez al ambón, desde el cual inciensa al pueblo. Volviéndose, inciensa hacia el altar, el icono del Salvador y de la Santísima. Luego entran en el Santuario y el Sacerdote inciensa ante el altar. El diacono toma el incensario e inciensa al Sacerdote.

El diácono cierra las puertas santas, besa el altar, va al trono (el lugar alto
del altar), hace una reverencia, y volviéndose hacia el sacerdote, se inclina. El sacerdote le bendice y el diácono sale por la puerta septentrional al ambón. Al acabar la incensación, el sacerdote, se quita la felonio, lee las oraciones de la luz ante el altar.

Bendice, alma mía, al Señor. Señor, Dios mío, mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y de magnificencia.

El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende el cielo como una cortina;

Que establece sus aposentos entre las aguas; el que pone las nubes por su carroza; el que anda sobre las alas del viento;

El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros al fuego flamante;

El fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida.

Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas.

A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron;

Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste.

Pusísteles término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra.

Tú eres el que envías las fuentes por los arroyos; van entre los montes.

Abrevan a todas las bestias del campo; quebrantan su sed los asnos montaraces.

Junto a aquellos habitarán las aves de los cielos; entre las ramas dan voces.

El que riega los montes desde sus aposentos, del fruto de sus obras se sacia la tierra.

El que hace producir el heno para las bestias, y la hierba al servicio del hombre, sacando el pan de la tierra.

Y el vino que alegra el corazón del hombre, y el aceite que hace lucir su rostro, y el pan sustenta el corazón del hombre.

Llénense de jugo los árboles del llano, los cedros del Líbano que El plantó.

Allí anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigüeña.

Los montes altos, para las cabras montes; las peñas, madrigueras para los conejos.

Hizo la luna para los tiempos; el sol conoce su ocaso.

Puso las tinieblas, y es la noche; en ella corretean todas las bestias de la selva.

Los leoncillos braman a la presa, y para buscar de Dios su comida.

Sale el sol, recógense y se echan en sus cuevas.

Sale el hombre a su hacienda, y a su labranza hasta la tarde.

Cuán muchas son tus obras, oh Señor, hiciste todas ellas con sabiduría. La tierra esta llena de tus beneficios.

Asimismo esta gran mar y ancha de términos; en ella peces sin numero, animales pequeños y grandes.

Allí andan navíos; allí este leviathán que hiciste para que jugase en ella.

Todos ellos esperan en Ti, para que les des su comida a su tiempo.

Les das, recogen; abres tu mano, hártense de bien.

Escondes tu rostro, túrbanse; les quitas el espíritu, dejan de ser, y tórnanse a su polvo.

Envías tu Espíritu, críanse; y renuevas la faz de la tierra.

Sea la gloria del Señor para siempre; alégrese el Señor en sus obras.

El cual mira a la tierra y ella tiembla; toca los montes y humean.

Al Señor cataré en mi vida; a mi Dios salmearé mientras viviere.

Serme ha suave hablar de El; yo me alegraré ene el Señor.

Sean consumidos de la tierra los pecadores, los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, al Señor.

Otra vez: El sol conoce su ocaso. Pone las tinieblas, y es la noche. Cuan muchas son tus obras, oh Señor. Hiciste todas ellas con sabiduría.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.

Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, oh Dios. Tres veces.

LA GRAN LETANÍA

Diácono:
En paz al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Por la paz que de lo alto viene y por la salvación de nuestras almas, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Por la paz del mundo entero, por el bienestar de las Santas Iglesias de Dios y por la unión de todos, al Señor roguemos.
Coro:
Señor ten piedad

Por esta santa Casa y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Por nuestro Señor, su Beatitud, el Metropolitano Nombre, por nuestro Señor el reverendísimo Arzobispo Nombre, por el honorable presbiterado y diaconado en Cristo, por todo el clero y todo el pueblo, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Por (el Presidente o título de la autoridad civil más alta) por toda autoridad civil y por las fuerzas armadas, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

(Porque les ayude y subyugue bajo sus pies a todo enemigo y adversario, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad )

Por esta ciudad, (o aldea, o monasterio), por toda ciudad y país y por los fieles que en ellos habitan, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Por estaciones favorables, abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Por los viajeros y los navegantes, por los enfermos los afligidos, por los presos y por su salvación, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Para que seamos libre de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, al Señor roguemos.
Coro: Señor ten piedad

Socórrenos, sálvanos, ten piedad de nosotros y guárdanos, Dios por tu gracia.
Coro: Señor ten piedad

Conmemorando a la Santísima, Inmaculada, Bendita, Gloriosa Señora nuestra, Theotokos y Siempre-Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros, y toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro:
A Ti, Señor.

EXCLAMACIÓN:
Porque te pertenecen toda gloria, honor y adoración, a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.

Luego canta el coro la Primera Catisma del Salterio. El diácono se queda ante el icono del Salvador hasta la conclusión de la catisma. Luego vuelve a su lugar y recita la Letanía Menor.

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de impíos.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Porque el Señor conoce el camino de los justos, mas la senda de los impíos perecerá.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Servid al Señor con temor, y alegraos con temblor.
A leluya. Aleluya. Aleluya.
Bienaventurados todos los que en El confían.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Levántate, Señor; sálvame, Dios mío.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Del Señor es la salud; sobre tu pueblo, será tu bendición.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.
Aleluya. Aleluya. Aleluya.
Aleluya. Aleluya. Aleluya. Gloria a ti, oh Dios. Tres veces.

LA LETANÍA MENOR

Una y otra vez en paz al Señor roguemos.
Coro: Señor, ten piedad.

Socórrenos, sálvanos, ten piedad de nosotros, y guárdanos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.

Conmemorando a la Santísima, Inmaculada, Bendita, Gloriosa Señora nuestra, Theotokos y Siempre-Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros, y toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor.

EXCLAMACIÓN:
Porque tuyo es el dominio, y tuyos son el reino, el poder y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amen.

El coro comienza a cantar Señor, a ti he clamado . . . en el tono propio.
Y el diácono vuelve al santuario por la puerta meridional, y va al trono inclinándose. Al dar el sacerdote la exclamación, el diácono se vuelve hacia el y se inclina. Y el sacerdote le bendice.
El diácono toma luego el incensario, y recibiendo la bendición
del sacerdote, inciensa el altar alrededor, el santuario, y al cielo dentro del santuario. Luego, saliendo por la puerta septentrional, inciensa todo así como lo ha hecho el sacerdote al principio. Si el sacerdote celebra sin diácono, el mismo hace la incensación. Y vuelve al santuario por la puerta meridional.


Coro: Señor, a ti he clamado, óyeme; óyeme, oh Señor.
Señor, a ti he clamado, óyeme; escucha la voz de mi oración, cuando te invocare; óyeme, oh Señor.

Y el segundo coro si hay dos:
Sea enderezada mi oración delante de Ti como incienso, la elevación de mis manos como sacrificio de la tarde.

Pon, oh Señor, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios.

No dejes se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías.

Con los hombres que obran iniquidad; y no coma yo sus deleites.

Que el justo me castigue, será un favor , y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá a la cabeza.

Así que aún mi oración tendrán en sus calamidades.

Serán derribados en lugares peñascosos sus jueces, y Oirán mis palabras, que son suaves.

Como quien hiende y rompe la tierra, sean esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura.

Por lo tanto a ti, oh Señor, Señor, mira mis ojos; en ti he confiado, no desampares mi alma.

Guárdame de los lazos que me han tendido, y de los armadijos de los que obran iniquidad.

Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasare adelante.

Salmo 141 Con mi voz clamé al Señor, con mi voz pediré al Señor misericordia.

Delante de Él derramaré mi querella; delante de Él denunciaré mi angustia.

Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, Tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron un lazo.

Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida.

Clamé a ti, oh Señor, y dije, Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes.

Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.

Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre. Aquí comienzan a insertar los estiquios propios si hay 10.
Me rodearan los justos, por que Tú me seas propicio.

(Psalmo 129) De los profundos, oh Señor, a ti clamo; Señor, oye mi voz. Aquí si hay ocho:

Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.

Señor, si mirases a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Empero hay perdón cerca de Ti. Aquí si hay seis:

Esperé yo al Señor, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera al Señor.

Más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana espere Israel al Señor. Aquí si hay cuatro

Porque en el Señor hay misericordia, y abundante redención con El. Y El redimirá a Israel de todos sus pecados.

(Salmo 116) Alabad al Señor naciones, todas ; pueblos todos alabadle.

Porque se ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; y la verdad del Señor es para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

El coro canta dogmaticón o el teotoquio propio; si hay dos, el primero después de Gloria, y el segundo después de “Ahora y siempre...”

Cuando el coro canta Y ahora ... y el dogmatico, el diácono abre las puertas santas. Ya se habrá puesto el sacerdote el felonio.
Luego haciendo tres reverencias ante el altar y besándolo, el sacerdote y el diácono realizan la Entrada. El diácono lleva el incensario en la mano derecha algo elevada, y le sigue el sacerdote. Van por detrás
del altar y salen por la puerta septentrional. Si el sacerdote celebra solo, el mismo lleva el incensario. Vienen a estar ante las puertas santas en el ambón. El sacerdote recita la oración de la Entrada en voz baja:.
Mientras tanto, el diácono inciensa las puertas santas, el icono de Cristo, el de la Madre de Dios y al sacerdote. Luego, señalando hacia el altar con el orario, dice al sacerdote en voz baja:


Bendice, Señor, la santa entrada.

Sacerdote:
Bendita es la entrada de tus Santos, eternamente, ahora y siempre, y por siglos de los siglos.
Diácono:
Amén.

Al acabar el coro de cantar el dogmaticón, el diácono exclama elevando el incensario:
Sabiduría. Estemos de pie.

Y entran en el santuario. El diácono inciensa alrededor del altar (si el sacerdote celebra solo, inciensa solo ante el altar). Habiendo besado el altar, el sacerdote se vuelve para bendecir al pueblo. Mientras tanto el coro canta:


Radiante Luz de la santa gloria del Padre inmortal, celestial, santo, bendito Jesucristo. Viniendo a la puesta del sol y viendo la luz del atardecer, te cantamos: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios. Digno es que a todo tiempo seas glorificado por voces justas, Hijo de Dios, Dador de vida, por lo cual el mundo entero te glorifica.
El sacerdote y el diácono van al trono y concluido el himno, el diácono dice: Atendamos.
Sacerdote:
Paz a todos.
Diácono:
Atendamos. El Proquímeno vespertino. Y lee el proquímeno del día.

La tarde
del sábado, tono 6, del Salmo 92:
El Señor se ha hecho Rey, de hermosura se ha vestido.
Verso:
El Señor se ha vestido de poder y se ha ceñido.
Verso:
Porque Él ha establecido el universo, que no será movido.
Verso:
La santidad conviene a tu casa, Señor, por largos días.

La tarde del domingo, tono 8, del Salmo 133:
He aquí, bendecid al Señor, vosotros todos los siervos del Señor.
Verso:
Los que estáis en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios.

La tarde del lunes, tono 4, del Salmo 4:
El Señor oirá cuando yo a El clamare.
Verso:
Cuando clamé, el Dios de mi justicia me oyó.

La tarde del martes, tono 1, del Salmo 22:
Tu misericordia, Señor, me seguirá todos los días de mi vida.
Verso: El Señor me pastorea, y nada me faltara; en un lugar de verdes pastos me ha hecho yacer.

La tarde del miércoles, tono 5, del Salmo 5:
Oh, Dios, sálvame en tu nombre, y en tu poder júzgame.
Verso:
Oh, Dios, escucha mi oración; presta oído a las razones de mi boca.

La tarde del Jueves, tono 6, del Salmo 120:
Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.
Verso:
Alce mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro.

La tarde del viernes, tono 7, del Salmo 58:
Oh, Dios, tu eres mi socorro y tu misericordia me previene.
Verso:
Redímeme de mis enemigos, oh Dios, y de los que contra mi se levantan, líbrame.

En las vísperas de las fiestas mayores hay lecturas de las profecías, normalmente tres. El diácono [o el sacerdote] exclama antes de cada una; SABIDURIA, y el lector anuncia el titulo de la lectura; LECTURA del LIBRO DE GENESIS, por ejemplo, y el diácono: Atendamos. Y el lector lee.


Después
del proquimeno [de las lecturas, si las hay], el diácono, habiendo cerrado las puertas reales, y recibiendo la bendición del sacerdote, sale por la puerta septentrional al ambón para recitar

LA LETANÍA DE SÚPLICA FERVIENTE

Digamos todos con toda nuestra alma y con todo nuestro espíritu, digamos:
Coro: Señor, ten piedad.

Señor Omnipotente, Dios de nuestros padres te suplicamos, que nos escuches y tengas piedad.
Coro: Señor, ten piedad.

Ten piedad de nosotros, Dios, según tu gran piedad, te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por los devotos cristianos Ortodoxos.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por nuestro señor, su Beatitud, el Metropolitano Nombre, por nuestro Señor, el reverendísimo Arzobispo, Nombre, y por todos nuestros hermanos en Cristo.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por (el Presidente o título de la autoridad civil más alta), por toda autoridad civil y por las fuerzas armadas.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por los bienaventurados y siempre recordados santísimos Patriarcas Ortodoxos, por los fundadores de esta santa iglesia (o monasterio) y por todos nuestros padres y hermanos difuntos predecesores de nosotros que aquí y en todo lugar descansan, los ortodoxos.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por piedad, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados del siervo de Dios, Nombre, y de nuestros hermanos de este santo templo.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).

De nuevo te suplicamos por los benefactores y bienhechores de este santo y venerable templo, por sus servidores y sus cantores y por todo el pueblo presente que espera de ti una grande y rica piedad.
Coro: Señor, ten piedad(tres veces).


EXCLAMACIÓN DEL SACERDOTE:

Porque eres Dios misericordioso y amas a los hombres, y te rendimos gloria, a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.


Lector: Concede, Señor, guardarnos esta noche sin pecado. Bendito seas, Señor Dios de nuestros padres y alabado y glorificado sea tu nombre para siempre. Amén.
Que tu misericordia sea sobre nosotros, Señor, como hemos puesto nuestra esperanza en ti. Bendito seas, Señor, enséñame tus estatutos. Bendito seas, Maestro, hazme entender tus estatutos. Bendito seas, Santo, alúmbrame con tus estatutos.
Tu misericordia, Señor, es para siempre; no desprecies las obras de tus manos. Te pertenece la alabanza, te pertenece un himno, te pertenece la gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.


Y el diácono, volviendo a su lugar ante las puertas santas, recita:

LA LETANÍA VESPERTINA

Completemos nuestra oración vespertina al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.

Socórrenos, sálvanos, ten piedad de nosotros y guárdanos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.

Que esta noche entera sea perfecta, santa, pacífica y sin pecado, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Un Ángel de paz, fiel guía, custodio de nuestras almas y cuerpos, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Perdón y remisión de nuestros pecados y ofensas, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Cuanto es bueno y útil para nuestras almas y la paz para el mundo, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.


Que el tiempo restante de nuestra vida se concluya en paz y penitencia, al Señor pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Cristiano fin de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos.
Coro: Concédelo, Señor.

Conmemorando a la Santísima, Inmaculada, Bendita, Gloriosa Señora nuestra, Theotokos y Siempre-Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros, y toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor.


EXCLAMACIÓN DEL SACERDOTE:
Porque tu eres Dios bueno que amas a los hombres, y te rendimos gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro:
Amén.

Sacerdote:
Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.


Diácono: Inclinemos nuestras cabezas ante el Señor.
Coro: A ti, Señor

Y el sacerdote recita la Oración de Inclinación de Cabezas en secreto. Mientras tanto, el diácono entra en el altar por la puerta meridional, va al trono, hace una reverencia y espera la exclamación del sacerdote. Al darla el sacerdote, el diácono se vuelve y se inclina hacia él.

EXCLAMACIÓN DEL SACERDOTE:

Bendito y glorificado sea el poder de tu reino, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.

Luego se canta el Apóstica del tono o el propio de la fiesta. Empero, si hay Litiya se cantan las estiqueras de la fiesta o del templo. En tal caso el Apóstica se canta después de las peticiones de la Litiya.

Al completarse el Apóstica, se canta inmediatamente:

Ahora, Señor, dejas en paz a tu siervo, según Tu palabra. Porque mis ojos han visto tu salvación, la cual la cual tenías destinada ante la faz de todos los pueblos. Luz que ilumine a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

Y el lector:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.[tres veces].
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por Tu nombre.
Señor, ten piedad.
[tres veces].
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amen.
Padre nuestro, que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, vénganos tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día , dánosle hoy y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal.

Sacerdote: Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amen.

Luego se cantan los troparios según la regla. El del sábado es:
Salve, oh Thetokos Virgen Maria, llena de gracia, el Señor es contigo. bendita Tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, porque has llevado en tu seno al Salvador de nuestras almas. [tres veces].

Acabando el coro de cantar los troparios, el diácono exclama:

Sabiduría.

Coro: Bendice, Padre (o Maestro)

Sacerdote: El que es, es bendito, Cristo Dios nuestro eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén. Establece, oh Dios, la Santa fe Ortodoxa y a los cristianos Ortodoxos, por los siglos de los siglos.

Sacerdote: Santísima Theotokos, sálvanos.

Coro: Más honorable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines, tú que sin mancha has engendrado a Dios el Verbo, verdadera Madre de Dios te magnificamos.

Sacerdote: Gloria a ti, Cristo Dios nuestro, Esperanza nuestra, gloria a ti.

Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén, Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Bendice Padre (Maestro)


Sacerdote:

(El que resucitó de entre los muertos, si es domingo) Cristo verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su inmaculada Madre, de los santos, gloriosos y alabadísimos Apóstoles, de (el santo del templo y del día), de los Santos y justos Progenitores de Dios, Joaquín y Ana, y de todos los Santos, nos tenga misericordia y nos salve, porque es bueno y ama al hombre.

Coro: Amen.


“LAS ORACIONES DE VÍSPERAS”

LAS ORACIONES DE LUZ

Primera Oración:

Señor compasivo y misericordioso, sufrido y grande en misericordias, presta oído a nuestra oración y atiende a la voz de nuestra súplica. Marca sobre nosotros una señal para bien. Condúcenos por tu camino, para que andemos en tu verdad. Alegra nuestros corazones para que temamos tu santo nombre. Porque tú eres grande y entre los dioses no hay ninguno como tú, Señor, poderoso en misericordia y bondadoso en fortaleza, para socorrer y consolar y salvar a todos los que esperamos en tu santo nombre.
Porque te pertenecen toda gloria, honor y adoración a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.


Segunda Oración:

Señor, en tu disgusto no nos reprendas, ni nos castigues en tu ira, mas haz con nosotros según tu ternura, oh Médico y Sanador de nuestras almas. Guíanos al puesto de tu voluntad. Ilumina los ojos de nuestros corazones al conocimiento de tu verdad y concede que el resto del presente día y todo el tiempo de nuestra vida sea pacífico y sin pecado, por la intercesión de la santísima Teotokos y de todos los Santos.
Porque tuyo es el dominio y tuyos son el reino, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Tercera Oración:

Señor Dios nuestro, acuérdate de nosotros tus siervos pecadores e inútiles cuando llamamos a tu santo nombre y no nos avergüences en nuestra expectación de tu misericordia; mas concédenos, Señor, todas nuestras peticiones que nos llevan a la salvación y haznos dignos de amarte y de temerte con todo nuestro corazón y de hacer tu voluntad en todas las cosas.
Porque tú eres Dios bueno que amas a los hombres, y te rendimos gloria a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Cuarta Oración:

Oh Tú, a quien cantan los santos Poderes con himnos inacabables y con incesantes doxologías, llena nuestras bocas de tu alabanza para que podamos engrandecer tu santo nombre. Y concédenos parte y herencia de todos los que en verdad te temen y guardan tus mandamientos, por la intercesión de la Santa Teotokos y de todos los Santos.
Porque te pertenecen toda gloria, honor y adoración, a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Quinta Oración:

Señor, Señor, que mantienes todas las cosas en la purísima palma de tu mano, que eres paciente hacia todos nosotros y que te arrepientes de nuestras maldades, acuérdate de tu compasión y de tu piedad. Míranos con tu bondad; concédenos también, por tu gracia, durante el resto de este día que evitemos los diversos lazos sutiles del maligno, y conserva nuestra vida sin asechanzas, por la gracia de tu santísimo Espíritu.
Por la piedad y amor al hombre de tu Hijo unigénito, con quien eres bendito, juntamente con tu Santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Sexta Oración:

Dios, grande y maravilloso, que con indescriptible bondad y riquezas de providencia lo ordenas todo y nos concedes bienes terrestres, que nos has dado prenda del reino prometido por lo bueno que ya nos has concedido, y que nos has hecho evitar todo mal durante la parte ya pasada del presente día, concede que completemos también el resto del día sin reproche ante tu santa gloria, y que te cantemos, Dios nuestro, el único bueno que amas a los hombres.
Porque tú eres nuestro Dios, y te rendimos gloria a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Séptima Oración:

Dios grande y altísimo, que eres el único que tienes inmortalidad, que moras la luz inaccesible, que has formado toda la creación con sabiduría, que has dividido la luz de las tinieblas y has puesto el sol para regir el día y la luna y las estrellas para regir la noche, que has concedido también a nosotros pecadores venir ante tu presencia con confesión y presentarte nuestra vespertina doxología. Tú mismo, señor, Amante de los hombres, dirige nuestra oración como incienso ante ti, y recíbela como olor de dulce fragancia, y concede que nuestra presente tarde y la venidera noche sean pacíficas. Revístenos de la armadura de luz. Líbranos del temor nocturno y de todo lo que anda en tinieblas, y concede que el sueño que has dado para reposo de nuestra enfermedad sea libre de toda fantasía del diablo. Sí, Maestro de todo, Guía de los buenos, haz que nosotros, siendo movidos a la compunción, sobre nuestro lecho, nos acordemos de tu nombre durante la noche, y, siendo iluminados por meditación en tus mandamientos, nos levantemos en gozo del alma para glorificar tu bondad, y ofrecer súplicas y preces a tu ternura de corazón, por causa de nuestros pecados y de los de todo tu pueblo, al que mira con piedad, por la intercesión de la Santa Teotokos.
Porque tú eres Dios bueno que amas a los hombres, y te rendimos gloria a ti, Padre, Hijo y espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

La Oración de la Entrada

A la tarde, a la mañana y al mediodía te alabamos, te bendecimos, te damos gracias y te suplicamos, Maestro de todo, Señor Amante de los hombres. Dirige nuestra oración como incienso ante ti y no inclines nuestros corazones a palabras o pensamientos de maldad; antes bien, líbranos de todos los que persiguen nuestras almas, pues, señor, Señor, nuestros ojos están en ti y en ti esperamos; no nos confundas, Dios nuestro, porque te pertenecen toda gloria, honor y adoración, a ti, Padre, Hijo y espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

La Oración de Inclinación de Cabeza

Señor Dios nuestro, que inclinaste los cielos y bajaste por la salvación del género humano, mira a tus siervos y a tu heredad. Ante ti, temible Juez Amante de los hombres, han inclinado las cabezas tus siervos y han doblado la cerviz, no esperando auxilio de los hombres, sino confiando en tu misericordia y deseando tu salvación. Guárdalos en todo tiempo, por esta tarde presente y por la noche venidera, de todo enemigo y de toda operación maligna del diablo y pensamientos vanos y de fantasías inicuas.

El final y Gloria sea a Jesucristo.

 

¡Gloria a Dios por todo!
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